‘Ene, emen otsue’, un grito centenario

LAS CUEVAS DE SANTIMAMIÑE CELEBRAN SUS CIEN AÑOS

Patrimonio de la Humanidad desde 2008, las pinturas y grabados rupestres de Santimamiñe muestran el modo de vida de hace entre 14.500 y 12.000 años. La Diputación celebrará con numerosos actos los cien años de su descubrimiento

DEIA. UN REPORTAJE DE J. FERNÁNDEZ – Domingo, 8 de Mayo de 2016 – Enlace a la noticia

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Un grupo de escolares visita la cueva


(Nota del autor: Parece que se empieza a hacer justicia con Guridi en Santimamiñe. Al menos ya se le cita, aunque se deja por el camino a personas u organismos como la antigua Sociedad de Monumentos de Vizcaya, verdadera impulsora de la adquisición: La historia)


NO era un lobo [otsue] sino un oso pardo la figura rayada con carbón que hace un siglo un grupo de niños de Kortezubi contempló con asombro sobre una de las paredes de la cueva que había cerca de la ermita de San Mamés [Santimamiñe] y que entre 14.500 y 12.000 años fue frecuentada por distintos grupos (no muy numerosos, una veintena aproximadamente) de cazadores y recolectores. Al romper y arrancar unas estalactitas para intentar hacer una fuente hallaron el paso a una sala sellada hasta entonces donde descubrieron la capilla Sixtina de Urdaibai. Era un 2 de enero de 1916 y, cien años después, el universo simbólico plagado de bisontes, machos cabríos, caballos, un ciervo y el citado oso siguen concitando el interés de investigadores, estudiosos y ciudadanos anónimos.

En total, medio centenar de pinturas y grabados que desde 2008 son Patrimonio de la Humanidad debido a su valor artístico y arqueológico: restos óseos (media docena de sujetos de distintos linajes), esqueletos animales (ciervos, rinocerontes lanudos,…) utensilios (arpones de sílex extraído del flysch de lo que hoy es Barrika, alfileres de hueso) y vestigios de todo tipo que permiten rastrear los diversos modos de vida en las distintas etapas del ser humano. Un equipo de arqueólogos integrados en el proyecto puesto en marcha por la Diputación Foral de Bizkaia (que con motivo de la efemérides ha organizado un completo programa de actividades para todos los públicos) lleva años trabajando sobre el terreno tratando de desentrañar parte de la prehistoria vasca.

Lo hacen en el vestíbulo de la cueva, donde la luz del día les reconfortaba y allí donde precisamente cocinaron los distintos clanes de cromañones que pasaban temporadas en Santimamiñe. Se movían siempre en función de la disponibilidad de alimentos. Ahí mismo han sido hallados, por ejemplo, restos de fuegos prolongados en el tiempo (con un metro de diámetro) con trozos de ciervos, erizos, truchas y salmones. También han aparecido restos de perdiz escandinava y de una merluza de diez kilogramos (puede que llegara muerta a tierra o que en aquella época no se adentraran tanto en alta mar). Dos hechos que, en cualquier caso, revelan un paisaje un tanto diferente al actual, con una temperatura de entre 10 y 15 grados menos que ahora y con una línea de costa unos 4 o 5 kilómetros más lejana que la actual.

UN MILLÓN DE PERSONAS Un auténtico compendio del Paleolítico Superior (y de periodos posteriores como evidencia la aparición de monedas romanas y cerámica) que desde hace un par de décadas permanece restringido al público a fin de garantizar su estado de conservación, “muy deteriorado y terriblemente contaminado” debido al intensivo uso turístico de la cueva de Santimamiñe, principalmente desde mediados del siglo XX (se calcula que un millón de personas han visitado este enclave durante los 88 años que permaneció abierta) y a las estructuras instaladas en el interior de la cavidad, como el sistema de iluminación que desprendía y proyectaba calor sobre las superficies de la cueva.

La consecuencia directa fue un aumento de la temperatura, de la humedad relativa, del dióxido de carbono desprendido al respirar,… y puso en grave peligro a las muestras de arte rupestre en particular y al conjunto de la gruta en general. El comportamiento de algunos desaprensivos también se dejó sentir en el microclima e incluso en el aspecto de la cueva que se extiende durante 365 metros bajo la ladera sur del monte Ereñozar. Desperdicios de basura, bolas de polvo e incluso añadidos anónimos realizados a partir de la década de los años 60 del siglo XX, como un segundo cuerno a un bisonte.
La suma de todas estas circunstancias obligó a la Diputación Foral de Bizkaia a adoptar la decisión de cerrar la sala de pinturas en 1996 y reorientar la gestión de este espacio hacia un nuevo marco: la conservación. Además, desde el año 2007, las visitas únicamente acceden al vestíbulo de la cueva donde ha sido instalada una plataforma de observación. Desde allí, una guía explica las características de la cueva y los trabajos que se están realizando en su interior. A continuación, los grupos se dirigen a la ermita de San Mamés, convertida en un centro de interpretación donde pueden asistir a una sofisticada y realista recreación virtual en tres dimensiones de la cueva ejecutada por técnicos de la sociedad foral Lantik.

Todo el esplendor de la cueva recogido en una proyección que sigue despertando el mismo interés y curiosidad entre los visitantes presentes que el mostrado por aquellos tres pioneros -Telesforo de Aranzadi, Enrique de Eguren y José Miguel de Barandiaran- durante sus primeras incursiones sobre el terreno.

Los tres trogloditas (como eran conocidos por su pasión por la etnografía, la arqueología y la historia del pueblo vasco) abanderaron valiosos trabajos en la cueva entre 1918 y 1926 para estudiar el conjunto de figuras paleolíticas -dibujos y grabados realizados con un mismo patrón a lo largo de un periodo que abarca mil años, coincidiendo con las fases finales del arte rupestre-. Lo hicieron financiados por la institución foral, involucrada desde el año cero en Santimamiñe; primero en el conocimiento de la cueva, luego en la valoración del patrimonio existente y con posterioridad en su gestión y conservación.

GURIDI Y BREUIL Ya estaba sobre la pista del descubrimiento de esas pinturas y granados gracias a la intervención de Jesús Guridi, el célebre músico compositor de la zarzuela El caserío, y en junio de aquel mismo 1916 envió a una delegación a Kortezubi. En septiembre visitó la cueva el abate Henri Breuil, reputado naturalista, arqueólogo, prehistoriador y etnólogo normando, quien confirmó la autenticidad del hallazgo sobre las paredes de Santimamiñe. Acto seguido, la Diputación adquirió la propiedad por 250 pesetas de la época; puso una verja a la entrada de la gruta para proteger aquellos vestigios del periodo Magdaleniense del Paleolítico Superior y encargó los primeros estudios.

La intervención en la cueva de Santimamiñe en esta última etapa (2004-2016) ha sido decisiva para abordar la gestión de otras grutas de Bizkaia, muchas ya excavadas en el siglo pasado. Para ello, recordaban desde la institución foral, se han reabierto viejos yacimientos con la misión de revisar las antiguas estratigrafías a la luz de las nuevas técnicas; se han revisados las cuevas con y sin arte paleolítico, encontrándose nuevas cuevas y nuevas figuras (por ejemplo en Santimamiñe fueron descubiertos cuatro puntos rojos pintados con los dedos); se han limpiado de carga biológica y basura de varias cavidades y se han cerrado y/o reparados los cierres de todas las que contiene arte prehistórico.

Siguiendo con el modelo de gestión establecido para la difusión de la cueva de Santimamiñe se ha activado un plan para la creación de modelos en 3D de realidad virtual de las principales cuevas con arte prehistórico de Bizkaia. Así, ya han sido replicadas virtualmente las cuevas de Ventalaperra y El Rincón (Karrantza), Arenaza (Galdames), Askondo (Mañaria), Morgota (Kortezubi) y Lumentxa (Lekeitio). “Estas replicas serán integradas en un proyecto de difusión al alcance de los municipios y las principales instituciones de Bizkaia que lo soliciten. Es una forma sostenible de acceder al conocimiento del arte paleolítico que guardan las cuevas sin que ello implique el deterioro de ese patrimonio”, apostillaban fuentes forales.

 

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